Hace algo más de un año nos subimos al coche para recorrer Francia. Estuvimos en el Perigord, los alrededores de Cahors, Moissac y Albi. Fue uno de los viajes más bonitos que he tenido la suerte de vivir, y a día de hoy,
mis entradas sobre aquella pequeña aventura siguen siendo las más vistas de este blog, que ya cuenta con 10.000 visitas (¡gracias a todos!).
El verano pasado, a medida que se acercaba la fecha en la que se cumplía el aniversario de aquel viaje, empezamos a sentir una enorme nostalgia, así que me lié la manta a la cabeza, y organicé una pequeña escapada de 3 días para el puente del Pilar. Queríamos llevar también a dos buenos amigos, porque sabíamos que les gustaría mucho; eso sí, les engañamos y no supieron a dónde íbamos hasta que cogimos la autovía... Creo que fue una buena sorpresa.
Justo antes de irnos nos atacó el estrés: teníamos mucho trabajo, acababan de empezar las obras de la casa, y yo no quería cancelar el viaje, porque lo tenía todo reservado desde hacía mucho tiempo, y podíamos perder bastante dinero. Por fín, el viernes por la mañana empezamos a recorrer los kilómetros que nos llevarían de vuelta al Perigord.
Son más o menos 6 horas desde León hasta Saint Emilion, la primera parada antes de llegar a nuestro destino. Así, nos dio tiempo a comer un poco de tortilla y embutido en las Landas, y empezar a disfrutar de Francia. Desde el momento que cruzas la frontera se notan sutiles diferencias, como lo limpio que está todo y su manera de tratar la naturaleza y el paisaje. Fuera de tópicos, es una realidad y algo que aquí no acabamos de asumir.
